CUANDO EL TIEMPO PUEDE RECORDAR O
ABANDONAR.
Frida Pacheco Miranda.*
La verdad sin mí no sé qué
sería de la vida de los humanos, sólo observo día a día a las personas, y es
que al paso de un largo tiempo he visto millones de historias, historias que a
veces quisiera que fueran más duraderas…pero si algo tengo en cuenta, es que
nada en la vida es para siempre.
Se, que los humanos en la
mayoría de las veces no riegan las flores por su apariencia.
Si, así es, me gustaría
contarles una maravillosa historia, una historia de una persona que, teniendo
una dura vida, pasó a dejar gotas en algunas nubes de un lugar del cual no
recuerdo su nombre.
Él, una persona, siendo algo
alegre, en la calle vivía y con algo mágico en su mundo perdido se quedaba.
No les miento, la primera vez
lo vi, fue como de -¡wau!, pues nunca había visto a alguien que anduviera en un
mundo mágico y que fuera alegre y tranquilo, que viste con ropa sucia y que
siempre cargara un… ¿un costal?.
Claramente fui testigo, de
cómo una niña, que regresaba a su casa se asustó cuando él la trató de jalar, y
claro, como no se iba a asustar si, ¡la trató de jalar! Desde ese momento, era
muy común verlo por aquel lugar, así que a la niña le daba miedo pasar por
donde él estuviera.
Al paso de meses, como nadie
de los vecinos no sabía nada de él, si tenía familia, casa entre otras cosas; y
por el costal que bueno, en un principio les dije que cargaba, lo llamaron “El
costal”, lo sé, lo sé, suena algo chistoso, pero pues yo no se lo puse.
Luego de un tiempo, a la
pequeña el miedo se le quitó…. ¡A pero que pensaron! Que esto sucedió así
porque así… ¡obvio no! Ya que sus padres hablaron con ella.
“El costal” ya asta pareciera que
vivía en aquel lugar, nunca dio problemas, a pesar de que tomaba alcohol, fue
agresivo, a pesar de la dura vida que tenía, para mí es un ejemplo de que, las
apariencias siempre engañan.
Cierto día los vecinos ya no
lo vieron, desde ahí nadie supo, de su familia se cayeron lágrimas y en un
sueño el quedó.
Historias, como estas, he
visto, un gran ejemplo es la que les acabo de contar, y no me canso de decir
que realmente las apariencias engañan, y el simple hecho de que existen
personas que viven en un mundo mágico, no quiere decir que todas son iguales.
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